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MI PRIMER RELATO CORTO


                                     CARTA DE AMOR A UN MUERTO


Hola amor:
  
     Hoy es 20 de Abril, hoy es el aniversario de tu muerte, hoy ya hace 5 años, 5 años desde aquel día en que me cambió dramáticamente la vida, ese día que aún recuerdo como si fuera ayer.
    
Ya ves, la vida sigue para los que dejaste aquí.
    
 Estoy sentada en el campo, en medio de una pradera, el sol luce con fuerza, la típica en este tiempo del año, pero no me levanta nada mi ánimo, como siempre este día es de luto para mi, un luto interminable por ti. Que el tiempo lo cura todo ¡Brillante mentira! Te acostumbras a la ausencia, te acostumbras al dolor tanto, que a veces ni siquiera lo notas, pero siempre está ahí.
    
    No puedo evitar el recordar aquel fatídico día, cuando yo terminé de vestirme y sonó el timbre de la puerta, extrañada por la hora que era y lo nada habitual de una visita tan temprana. Cuando abrí la puerta y vi a dos policías se me paró el corazón.

-¿Es usted la señora Clara Fernández?

-Si, yo soy, ¿agente ocurre algo?- El guardia me miró con lástima, me imagino que estarían

acostumbrados a dar ese tipo de noticias, pero seguro que siempre les resultaría muy difícil.

-Señora, su marido ha sufrido un accidente hace unas horas...
  
     No podía ni respirar, mi boca se secó, no era capaz de pronunciar palabra alguna

-Que...que le ha pasado, dígame que está bien se lo suplico- su mirada fue aún más triste

-Su marido ha fallecido, lo sentimos mucho señora...
   
    No pude oír nada más, mi mente se bloqueó, es como si mirara la escena desde fuera y esa no era yo, eso no podía sucederme a mí, no, no estaba pasando

-... le ruego que nos acompañe a reconocer el cadáver, si cree que no puede, debe indicarnos quien

podemos llamar para que lo haga en su lugar.
   
    En mi estupor negué con la cabeza, no me lo podía creer, iría yo y comprobaría por mi misma este terrible error.

-Esperen que cojo el bolso y los acompaño

-Si, no se preocupe
  
     Entré en el coche y sólo recuerdo cuando entramos en el depósito, los dos policías me acompañaron constantemente, uno a cada lado.

-¿Está preparada?- afirmé con la cabeza y uno de ellos destapó la cabeza del cadáver, y allí estabas tú, tan tranquilo que parecías dormido, con una mano temblorosa te acaricié el cabello, tan suave al tacto, tan brillante... me acerqué con lentitud para besar tus labios, esos labios que tanto he amado, y cuando te besé les sentí tan fríos como el mármol y me di cuenta de que eras tú, y de que nunca volverías a mí. Me derrumbé y caí de rodillas llorando desconsoladamente, te había perdido para siempre, nunca volvería a verte reír, a sentir tus manos acariciándome, tus abrazos reconfortándome, nunca más haríamos el amor, no despertaríamos juntos, nunca....todo nuestro futuro habría muerto contigo..... No recuerdo cómo pero los policías me sacaron de aquella habitación, no sé cuanto tiempo pasé sentada con un montón de pañuelos en mi regazo y sin dejar de llorar cuando una mano me tocó en el hombro, era Carmen, tú hermana, la única que nos había apoyado cuando decidimos casarnos, la única que me quería, la abracé con fuerza y nos pusimos a llorar cada una en el hombro de la otra, intentando darnos consuelo, tú madre se me acercó y con un increíble odio en la mirada, (seguramente porque no fui yo la del accidente), me dijo:

-Mi hijo está muerto, ya nada nos ata a ti, no quiero volver a verte
   
    No me importó, no podía herirme más, pues yo ya estaba herida de muerte, nada me afectaba, desde ese momento no recuerdo casi nada, todo pasó como si yo estuviera en el limbo, sabía que estaba allí, pero no sentía nada, no había nada, sólo dolor, soledad, desesperación, cuando recobré la lucidez estaba en el cementerio, viendo como enterraban tu cuerpo, y con cada palada se llevaban un trozo de mi alma, fui tan consciente de eso que me desmayé y perdí el conocimiento, cuando desperté estaba en nuestra cama, y me giré para buscarte, pero tú ya no estabas, no volverías nunca, volví a mi anterior sopor, me aislé del mundo para no sufrir, si no hubiese sido por nuestros amigos Laura y Jaime, que estuvieron conmigo siempre, no lo habría superado, estuve mucho tiempo en cama, no recuerdo si fueron días, semanas o meses, apenas comía ni dormía, Carmen me venía a ver prácticamente a diario preocupada, pero yo no reaccionaba. Un día me levanté y no sé por qué, me miré en el espejo, mi reflejo fue algo horrible, pálida y en los huesos, con unas terribles ojeras y el pelo enmarañado, no me sostuve en pie y me caí, Laura asustada me llevó al hospital.

    Como cambian las cosas, como es posible que del dolor y de la desesperación pueda crearse la esperanza, de la ausencia de futuro se cree uno nuevo, como de las ganas de morir se puede esperar un rayo de luz que ilumine un nuevo camino, las vueltas que da la vida, si hay un Dios no nos había abandonado del todo, con mi sufrimiento no me había puesto a mirar al futuro, no había pensado que tenía que continuar, pero aunque no quisiera levantaría cabeza y seguiría por ti y por lo que estaba por venir. El médico me dijo que estaba malnutrida, que tenia principio de anemia y que no sabia como habría sobrevivido el bebé, no di crédito a sus palabras, no le entendía absolutamente nada de lo que me decía

-¡¡Oh Dios Clara!! Pero no te das cuenta-me decía mi amiga- estás embarazada.
  
    La miré como si no la conociera, está totalmente abstraída y no reaccionaba, el médico se acercó a mí y me miró a los ojos cogiéndome de la barbilla para obligarme a mirarlo.

-Es hora de despertar jovencita, ya no hay tiempo para el dolor, ahora no puedes pensar sólo en ti, tienes que ocuparte del que está por venir- me sonrió- es un regalo, debes aprovecharlo bien.

    Comencé a llorar, un hijo.... tuyo y mío, nuestro. Un hijo al que nunca verías, un hijo que no conocería a su padre, pero por Dios que haría todo lo que estuviera en mi mano para que fuera tremendamente feliz, para que no notara tu ausencia, pero le hablaría cada día de ti, te conocería a través de mi y aprendería a amarte. Un hijo, un bebé...dejé aparcado mi dolor, tenía que enfrentarme a la realidad, tenía que pensar en nuestro hijo y me obligué a olvidar que tú me faltabas. Estuve ingresada un tiempo para recuperarme, y tuve mucho tiempo para pensar en lo que iba a hacer a partir de ahora. Le supliqué a Laura que no dijese nada a nadie, tenía que programar nuestro futuro y si tu madre se enterara de mi estado haría cualquier cosa para apartar a nuestro bebé de mi, era lo único que nos quedaba de ti, y ella me odiaba, me odió siempre, desde que empezamos a salir, siempre hizo lo posible por herirme, pero ahí estabas tú para defenderme, para cuidarme.... no, ella no se enteraría mientras yo pudiera evitarlo, pero estaba Carmen, a ella no podía ocultárselo, con todo lo bien que me había tratado...ella tenía que saberlo, mi bebe era su sobrino/a.

Me dieron el alta y Laura y Jaime me llevaron a casa, era un tormento volver a verlo todo de nuevo, pero ahora sería diferente, tendría que aprender a vivir así. Me armé de valor al segundo día de estar sola en casa y empecé a empaquetar todas tus cosas en cajas, estuve llorando constantemente, tus camisas aún tenían tu olor, tus pantalones, corbatas que no te gustaban nada, pero que tenías que ponerte cada mañana para ir a trabajar... tus zapatos, todo me supuso una tortura, tu cepillo de dientes, tu crema de afeitar, tu colonia, no eso no, no la guardaría y así podría recordar tu olor por las noches ¡Oh Dios! Que dolor tan grande, pero al final lo conseguí, y toda una vida terminó guardada en cajas de cartón esparcidas por la habitación, que iba a ser de mí, yo sola, con un bebé...acaricié mi tripita

-No te preocupes amor, todo saldrá bien ya lo verás.

    Carmen me abrazó con fuerza y comenzó a saltar por la habitación cuando le di la noticia, no la había visto tan feliz desde hacía mucho tiempo.

-Oh Clara un bebé será maravilloso- me decía llorando y riendo a la vez- si es niña como la vas a llamar, ¿y si es niño? Oh Dios, que fantástico, no le faltará nada, ya lo verás, será muy feliz, si...

-Emm, Carmen, quería pedirte un favor- se paró en medio de la habitación, y con un brillo maravilloso en los ojos me miró

-Lo que quieras.

-Verás- esto sería difícil- no quiero que tu madre se entere-me miró muy sorprendida- al menos de momento.

-¡No puedes pedirme eso! Es su nieto, también lleva nuestra sangre, no puedes hablar en serio.

-Sólo durante un tiempo, Carmen tu madre me odia, se que intentará quitarme al bebé.

-No digas bobadas, nunca haría algo así, por muy mal que la caigas no es tan insensible.

-Si me quita el bebé no lo soportaré, no podré superar perder a tu hermano otra vez, ¿lo entiendes?

-Claro que sí, pero ella nunca haría algo así, no me lo puedes pedir Clara, no puedo ocultar esto a mi familia, no lo ves, es una alegría inmensa.

-Está bien, pero no confío en que sea tan fácil, se que intentará algo, estoy segura.

    Bien, y no me equivocaba, me dejó tranquila durante todo el embarazo, cosa que agradecí profundamente, así pude disfrutar del resto del embarazo con normalidad, viendo como crecía cada día mi tripa, en la primera ecografía no dejé de llorar, era tan hermoso sentir todas estas cosas, y que pena que tú te lo perdieras, seguro que serías el hombre más feliz de la tierra. En cuanto pudieron me dijeron el sexo, era una niña, y no tenía idea de cómo llamarla. Compré libros de nombres, busqué por Internet, hice listas... al final decidí llamarla Luz, al fin y al cabo era la luz de mi vida.

    El día a día resultaba más llevadero, aunque había veces que se acercaba la hora en la que solías venir a comer y yo toda nerviosa me levantaba para poner la mesa, enseguida me daba cuenta de mí error y un nudo se ponía en mi garganta, procuraba no llorar, a veces no lo conseguía pero con el paso de los días y la llegada de nuestra hija, iba acostumbrando a mi nueva situación.

   Jaime me arregló todo sobre la pensión para mí y la niña aún no nacida, los abogados lo resuelven casi todo, el seguro de vida tardaría un poco más, pero no me importaba, pensaba guardarlo para los estudios de Luz.

   Laura fue a casa de mis padres para contar a mi madre todo lo que me estaba pasando, yo no sabia nada y cuando me lo dijo me puse furiosa, pero nada podía ya hacer, a si que la pregunté

-Tú madre no sabía nada del accidente, le afectó mucho, se puso a llorar y pedir a tu padre que la dejase ir a tu lado, él se lo prohibió, dijo que tu habías tomado la decisión de irte con él aún sabiendo que para ellos terminarías, y ahora tenías que asumir las consecuencias de tus actos. La verdad es que no entiendo esta enemistad entre ambas familias, tanto hasta para perder a sus propios hijos, como os pasó a vosotros.

-Yo tampoco, viene de muy de lejos, pero eso ya no me importa, lo siento por mama, siempre ha sido una especie de esclava de mi padre, desde niña pensé que yo jamás aceptaría algo así, por eso me casé con Rodri, sabía que él me haría muy feliz, y así fue, a pesar de todas las negativas de nuestras familias.-suspiré- fuimos muy felices....por poco tiempo, pero muy felices...-la niña se movió, como si supiera que me estaba poniendo triste y quería consolarme, sonreí- se está moviendo, no para, es muy animada

    El día del parto llamé a Laura y ella y Jaime me llevaron al hospital, fue un parto normal, la niña tenía ganas de salir y todo fue bastante rápido, dentro de lo que cabe, te extrañé más que nunca, pero hubo un momento en el que creí que estabas ahí conmigo, que tonta soy, pero te sentí a mi lado dándome ánimos. Al ver a la niña me emocioné profundamente, y no sé si era cosa mía, las ganas que tenía de que fuese cierto, pero se me parecía muchísimo a ti. Tu madre vino a verla, al entrar en la habitación ni siquiera me miró, se acercó a la niña, la cogió y la miró largo rato, yo sólo la miraba, creo que estaba buscándola parecido contigo, ¡Y por Dios que lo encontró!, se fue muy satisfecha consigo misma, se lo vi en la cara.

    No me había recuperado casi del parto cuando me avisaron de que ella estaba haciendo todo lo posible por hacerse con la tutoría legal de la niña, el mundo se abrió a mis pies, cuando empezaba a estar tranquila y aceptar mi situación, otro golpe, otro contratiempo....vino enseguida Laura a verme con Jaime.

-Es inaudito, no lo entiendo, pero que perra tiene esa mujer contigo, porque no te deja en paz...

-Yo ya lo suponía, no me pilla de sorpresa

-Bien, pues no se va a salir con la suya, te vamos a ayudar ¿verdad Jaime?

-Por supuesto, eso está fuera de toda duda, no permitiremos que te quiten a Luz.

    Les miré con un agradecimiento profundo, eran unos amigos maravillosos, tenía suerte de que estuvieran a mi lado.

Poco después llegó Carmen:

-Lo siento mucho Clara -me dijo contrariada- jamás pensé que pudiera hacer algo así, yo no la apoyo, ni mis hermanos, ni mi padre, es un asunto sólo de ella, no la hemos podido quitar esa horrible idea de la cabeza....estamos todos muy enfadados con ella, no la hablaremos hasta que no olvide este asunto, pero ya sabes cómo es...

No la dije nada, y la miré con claro resentimiento, que Dios me perdone pero no podía evitar culparla a ella por no guardar el secreto, y ahora sé que no estuvo bien, pero no podía hacer otra cosa, me giré sin decirla nada y fui a atender a Luz que lloraba porque tenía hambre.

-De veras lo siento, ya sé que tú tenías razón, lo siento....- y se marchó

    Fueron unos meses horribles, llegaron asistentes de la seguridad social para ver y controlar como criaba a mi hija, psicólogos y psiquiatras para verme y controlarme a mí, porque ella había alegado que yo no estaba del todo cuerda y la niña estaba en constante peligro a mi lado. Por las noches lloraba de rabia y frustración, pero había que aceptar las cosas como venían, Jaime hacía todo lo que estaba en sus manos y más, jamás podré pagarle toda su ayuda, tanto jurídica como moral.

Por fin el juez tomó una decisión, mis cuñados habían demostrado abiertamente estar en contra de todo este asunto, y Jaime logró demostrar que lo que a ella la movía era el odio que sentía por mi y por mi familia, la niña seguiría conmigo para siempre, no había ninguna duda de que yo estaba plenamente cualificada para ocuparme de ella, y no corría ningún peligro a mi lado. Fue un día feliz, se me quitó un gran peso de encima, abracé a mi hija con mucha ternura.

-Eres mía, mi amor, yo me ocuparé de ti, y lo haré muy bien, ya lo verás.

    En ese mismo instante tomé una decisión, nos iríamos de allí, si, nos marcharíamos muy lejos y para siempre.

Se lo comenté a Laura

-No, no puedes hablar en serio Clara, a dónde piensas ir... tu sola, ¿es que no lo entiendes?, no, no te dejaré.

-Laura, no puedes evitarlo, ya soy mayorcita.

-Laura- intervino Jaime- es asunto de Clara, es su vida

-¿Pero a dónde irá?¿Quién la echará una mano si se va lejos?- estaba empezando a llorar-¿Y si se pone enferma?

-Laura, por favor, es lo mejor para Luz y para mi, su abuela nos hará la vida imposible, será un infierno y tengo que evitar esa situación a mi hija, es sólo por ella....-me abrazó muy fuerte

-Te echaré tanto de menos- sollozó- y a la niña, quería convertirme en su tía

-Y lo serás, no nos iremos fuera del país, podrás venir a visitarnos siempre que quieras...

Jaime me encontró una casa en un pequeño pueblo del norte, un amigo suyo la heredó y quería quitársela de encima a toda costa, fue una gran compra, era una casa muy hermosa con un pequeño terreno en la parte de atrás, en cuanto la vi me enamoré de ella, fue muy barata y nuestro piso en Madrid se vendió por una gran cantidad de dinero, la verdad es que me dio mucha pena vender el piso que habíamos elegido los dos, pero necesitaba el dinero para el futuro. Hice unas pequeñas reformas para poder vivir cómodamente, pero no cambié gran cosa, me gustaba como estaba. El día de nuestra marcha sentí que mi pasado y mi futuro se separaban literalmente, empaqueté todas nuestras cosas, nuestros muebles, toda nuestra vida pasada, las metí en un camión y me monté en el coche, sin despedirme de nadie y sin mirar atrás.

   Resurgiré como el ave Fénix de sus cenizas, de la máxima desesperación encontraré fuerzas, de la soledad más absoluta encontraré energía, como una vez leí:” Somos lo que nos queda por vivir” y a mi aún me queda mucho, por nuestra hermosa hija.

    Empecé una nueva vida junto a Luz, en aquel pequeño pueblo, compré algunos animales, como gallinas y conejos, y un trocito de terreno lo convertí en un hermoso huerto. Nuestra niña creció feliz durante todo este tiempo, y cada vez que sonríe me clava una pequeña aguja en el corazón, porque su sonrisa es idéntica a la tuya, y he de decir que está continuamente sonriendo, y esos ojos tan verdes... también los heredó de ti, bueno, también tiene cosas mías, como mi nariz pequeña y chata, pero tiene tu hermoso pelo negro, con ese brillo tan intenso, y continuamente me hace reír, es muy lista, y no para quieta ni dormida..... Le hablo cada día de ti, la cuento todas las cosas que vivimos juntos, y de haberla conocido, cuanto la habrías amado, nunca dejaré que te olvide, tiene una foto tuya en cada habitación, quiero que sepa que formas parte de ella y ella de ti, tanto como de mí.

Yo estoy tranquila, no niego a mi corazón otra oportunidad si se presenta, aunque de sobra se que  no habrá nadie como tu jamás. Te extraño continuamente, pero ya he aceptado tu falta.

    Laura y Jaime vienen bastante a menudo, nadie sabe mi dirección, ni si estamos bien o mal, no quiero que nos intenten hacer daño de nuevo, ni a mí ni a la niña, y hasta hoy parece que lo he conseguido, pues nadie intenta saber dónde estamos.

  El campo es fantástico, fresco y saludable, nunca me habría imaginado a mi misma de granjera, ¿te lo puedes creer? Pero me siento bien. Por eso te escribo esta carta, para que estés donde estés, sepas que estamos bien, que puedes estar tranquilo y esperarnos con paciencia. Que me diste tanto amor y felicidad que ahora cada recuerdo tuyo es una inyección de felicidad a la par que de dolor, porque te fuiste muy pronto, demasiado pronto para los dos, pero que no hubiera cambiado por nada del mundo ni un sólo instante vivido a tu lado, que fuiste un maravilloso marido, amante y amigo, que la huella que has dejado es inmensa y perdurable, que siempre estarás conmigo, hasta que la muerte nos vuelva a unir de nuevo.

Me despido de ti, hasta el año que viene, hasta el próximo 20 de abril, hasta entonces con todo mí amor para ti.

Tuya siempre:          

 CLARA.



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8 comentarios:

  1. Ay Arman que historia tan triste y que madre tan mala, mira que querer quitarle a la niña!!!! Me ha llegado mucho el dolor de ella y luego su rabia por lo que hacían con ella.
    Perfecta!!!Felicidades!!
    Un besazo!!!

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  2. ¡¡Qué tristeza!!, pero qué cruda realidad en muchos casos que tenemos a nuestro alrededor y sin saberlo.
    Me hubiera gustado, que siguiera.....
    Muy buena Arman. Muchas felicidades!!!!

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  3. ¡¡Qué tristeza, y qué penita pena!! Y pensar que casos como éste existen alrededor nuestro y no nos enteramos.
    Me hubiera gustado que siguiera, la verdad es que me ha enganchado desde el principio.
    Muy buena Arman.
    Muchas felicidades.

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  4. Aunque es una historia triste es preciosa. Me encanta, está muy bien.
    Felicidades
    Besos y abrazos
    Luisa

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  5. Preciosa historia aunque sea triste.
    Felicidades
    Besos y abrazos

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  6. Por favor Arman!!!! Que Jartá de llorar me estoy pegando, te estoy escribiendo esto y todavía tengo lágrimas en los ojos.

    Escribes super bien, defines estupendamente los sentimientos en esta carta, el sufrimiento de la protagonista se nos hace palpable.

    Es un relato genial, a pesar de que me has hechor llorar con él... aunque en eso consiste saber escribir bien y transmitirle al lector los sentimientos, inquietudes y vivencias de los protagonistas, en este caso el sufrimiento de Clara.

    Un saludo preciosa,y un super mega abrazote.

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