Seguidores

Sígueme en Facebook



martes, 22 de abril de 2014

SUEÑO DE DOLOR




Estaba en la cama y la luz se encendió, Sara se acercó hasta mí y me despertó. Yo adormilada la miré y ella me negó con la cabeza.
Mi corazón se encogió de dolor, me espabilé en el acto.
El momento había llegado...
Me levanté y acompañé a mi hermana Sara hasta la habitación de María. Ella estaba tumbada en la cama, su habitual vitalidad había desaparecido. Su belleza natural estaba demacrada por la enfermedad. 
Me acerqué hasta su cama y la acaricié el cabello.
-¿Qué pasa María?
Ella alzó su rostro pálido y me miró con sus bellos pero cansados, ojos castaños.
-¿Te ha despertado Sara?
-Sí, pero no pasa nada, dime qué necesitas. ¿Te duele?
Le costaba respirar. Lo notaba con cada aspiración, su pecho se movía muy despacio y el dolor marcaba sus hermosos rasgos.
-No, no te preocupes...
Me acerqué más hasta ella y la besé la frente.
-No debes hacerte la fuerte con nosotras, María, estamos aquí para ayudarte. Dime qué deseas y te lo daré...
Suspiró.
Sabía que odiaba darnos trabajo.
-María... -La regañé.
-Desearía ver la salida del sol.
-Hecho. -Le dije con una sonrisa.
La retiré el edredón y dejé a la vista su cuerpo. Antes era una mujer voluptuosa, femenina y ahora no era más que piel y huesos.
La cogí en brazos, apenas pesaba nada y le dije a Sara que la envolviera bien con la manta.
Aparté la silla de ruedas de mi lado con una patada y con María en brazos, me acerqué hasta el balcón.
Sara abrió la puerta y las tres salimos al exterior.  La acomodé más en mis brazos. Sara se puso por detrás de mi y me ayudó a sujetar su peso. Ella se recostó sobre nosotras.
-Mira María -la dije- los colores del amanecer son únicos, tan hermosos... pero no tanto como tú.
Ella sonrió. Su dulce risa cantarina retumbó en su pecho.
-Me encanta el amanecer. -Nos comentó.
Sara, que nos tenía abrazadas a las dos, la besó en la cabeza.
-Siento tanto todo lo que os estoy haciendo pasar... -nos dijo con tristeza.
-No debes sentirlo María, lo hacemos con cariño y porque queremos, te mereces eso y mucho más.
-Es como cuidar a un ángel del cielo. -Murmuró Sara.
El sol comenzaba a asomar por el horizonte.
-Mira, el sol nos saluda, tan hermoso, tan brillante, y tan poderoso -Le dije.
Su respiración se hacía cada vez más lenta y más trabajosa. Mi corazón palpitaba desbocado.
-Sí, es muy hermoso. -Nos dijo.
Apoyó su cabeza aún más en nuestros hombros.
-Os quiero... muchísimo.
Las lágrimas traicioneras corrían por mi cara, pero intenté que mi voz sonara normal.
-No más que  nosotras a ti, tenerte a nuestro lado ha sido un regalo de los dioses.
-Mi tiempo se acaba...
-No, María, no digas eso, te lo suplico...-rogó Sara.
-No debéis llorar mi ausencia, no debéis sufrir por mi. Voy a verla, ¿Verdad? Ella estará ahí esperandome. 
Se refería a su hija. Había muerto tres años atrás en un accidente. María nunca lo superó y yo siempre pensé que la enfermedad que nos la estaba arrebatando era consecuencia de ese terrible dolor.
-Pues claro que sí. La verás y seréis muy felices juntas.
-Sí...- suspiró trabajosamente.
-Mira María, el sol ya está casi todo fuera, ¿no es grandioso? -Le pregunté, pero sentía como su vida se escapaba de su cuerpo entre mis brazos- No hay nada más bonito, con esos colores, esa fuerza,  notar como sus rayos comienzan a acariciarnos...
Sara nos abrazó más fuerte y comenzó a llorar desolada.
María había dejado de respirar.
Nos arrodillamos en el suelo,  abrazando y besando un cuerpo  demacrado por la enfermedad, vacío, sin vida. 
Sabíamos que ese día iba a llegar, pero no estábamos preparadas, jamás podríamos prepararnos para la pérdida de un ser tan maravilloso, tan amado.
María continuaba en mis brazos, envuelta en la suave manta, su rostro mostraba una dulce expresión.
-Ya no sufre. -Le dije a mi hermana- Está bien ahora.
Pero eso no fue un consuelo, el dolor nos golpeó con más fuerza partiendo nuestra alma en mil pedazos y rompiendo nuestro corazón.
María ya no estaba...



©Arman Lourenço Trindade

3 comentarios:

  1. Oh, qué triste!!! Pero muy bien escrito!!!

    Besos!!

    ResponderEliminar
  2. Qué tristeza! Cuántas veces soñamos historias tan inexplicables...
    Un beso.

    ResponderEliminar